Independencia más que nunca
Cuando en 1816 los congresales reunidos en San Miguel de Tucumán, en la casa de Doña Francisca Bazán de Laguna, tomaron la decisión de declarar la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata hasta entonces bajo la órbita del dominio español, sabían del riesgo que asumían, sabían que no había marcha atrás, eran conscientes del sacrificio y de la lucha que se avecinaba, pero también tenían la certeza de que el premio era mucho mayor, era la patria nueva, era la tierra propia, era la libertad de un pueblo que había estado sometido a la metrópoli española, a las decisiones que se tomaban a miles de kilómetros sin conocer nuestras necesidades y nuestros matices, los colores y sabores de estas latitudes.
Todo ello atizó la llama de la libertad. Ahora bien, hay que dejar en claro que esta independencia de la que estamos hablando, fue una independencia centrada en tres aspectos, el político, el económico y el militar. Los dos primeros sostenidos por el éxito o el fracaso de las armas. Armas conducidas victoriosamente por el general Manuel Belgrano y por el general José de San Martín en el campo de batalla. Los logros alcanzados por nuestros próceres aseguraron la independencia de las provincias unidas, pero no quizás su destino.
Digo esto porque a los cuatro años de 1816, en 1820, comenzaron las desavenencias entre quienes decían ser los habitantes de esta querida patria. Comenzaba con unitarios y federales el camino del desencuentro que no se abandonaría jamás. La unidad propuesta por la independencia resbaló como nieve al sol por aislacionistas y nacionalistas, por liberales y conservadores, por peronistas y radicales, y por muchos, muchos desencuentros más.
Creo, y sin temor a equivocarme, que el problema de nuestro país radica en que nunca alcanzamos de verdad a sentirnos plenamente argentinos, con excepción de algún evento deportivo. Por ello, hoy más que nunca, luego de 209 años, necesitamos imperiosamente independencia, pero no de aquella pensada por los asistentes al Congreso de Tucumán, sino independencia de la inmoralidad, del clientelismo político, de las diferencias sociales, de la corrupción, de las ambiciones desmedidas, del fanatismo y de las grietas que dividen hoy a los argentinos.
Solo así lograremos ser independientes. Pero primero debemos estar convencidos de que, bajo cualquier circunstancia, primero somos patria y luego argentinos. De otra manera, estaremos dando toda la razón al general Manuel Belgrano, quien dijo antes de morir, "Quise cambiar al mundo y lo que había que cambiar era al pueblo", depende ahora del pueblo.
Prof. Daniel Cano

No hay comentarios.:
Publicar un comentario